Mujeres y Ciencia: Problema y oportunidad

Valeria del Campo Dra. en Física Investigadora Universidad Técnica Federico Santa María, Asesora Científica Oladic En el último tiempo está muy acuñada en el discurso público la frase “educación de calidad”. Podríamos escribir largo textos académicos y columnas de opinión acerca de lo que esto significa. También es tema de conversación tomando once y viendo […]

Valeria del Campo
Dra. en Física
Investigadora Universidad Técnica Federico Santa María, Asesora Científica Oladic

En el último tiempo está muy acuñada en el discurso público la frase “educación de calidad”. Podríamos escribir largo textos académicos y columnas de opinión acerca de lo que esto significa. También es tema de conversación tomando once y viendo televisión. El tema da para largo y debo confesar que, para el propósito de esta columna, no me detendré mucho en este punto. Supongamos que educación de calidad es aquella que nos permite poder elegir. Una educación de calidad nos entrega entonces los conocimientos y habilidades para tomar decisiones. Entonces, una educación científica de calidad sirve para decidir desde cosas personales, como qué comer, hasta cuestiones de políticas públicas, como el tipo de energía que queremos para Chile. Las personas, estamos constantemente tomando decisiones individuales y sociales (familias, barrios, colegios, empresas, ciudades…), por lo tanto, tomar decisiones responsables e informadas es un derecho y un deber. Entonces, la educación científica de calidad debe ser para todos, hombres y mujeres. Hago esta distinción porque los números muestran que la educación en ciencia de las mujeres está por debajo de la de los hombres. En el programa internacional PISA Chile es el quinto país de la OCDE con mayor brecha de género en el desempeño en ciencias. La menor educación científica de las mujeres respecto de los hombres presenta un problema en varios niveles.

Las decisiones que las mujeres toman las afectan a ellas, a sus familias y a sus comunidades. Estas decisiones pueden ser sobre cosas simples, como si comprar o no una pulsera biomagnética para bajar de peso, o sobre temas más complejos pero que también afectan la vida diaria, como la manera de calentar la casa o sobre el manejo de la basura en el barrio.

En segunda instancia, el desarrollo profesional de las mujeres en Chile está muy ligado a su acercamiento a la ciencia. Actualmente menos del 17% de las mujeres que ingresan a la universidad, estudian carreras en áreas tecnológicas. Este bajo porcentaje implica que su decisión está condicionada por su baja cercanía a la ciencia, no es una decisión libre. La falta de una educación en ciencias no solo limita el espectro de carreras técnicas y profesionales que pueden seguir las mujeres, sino que además limita justamente aquellas carreras que son las de mayor ingreso económico. La baja participación de mujeres en carreras tecnológicas también afecta el desarrollo del sector industrial. El Instituto Peterson (Instituto para la Economía Internacional) realizó un estudio que demuestra una correlación positiva entre el número de mujeres en cargos ejecutivos de alta dirección y la rentabilidad de las empresas. En concreto, las empresas con 30% de mujeres en altos cargos ejecutivos tienen mayores márgenes de ganancias comparadas con aquéllas en que no hay mujeres en estos cargos.

Ahora vamos al sector público, queremos que nuestros líderes políticos estén educados científicamente para tomar decisiones informadas y con impactos positivos en la sociedad. Actualmente hay cuotas de género para la postulación a cargos de elección popular (en las listas no puede ir más del 60% de las candidaturas de un mismo sexo). Con esto, se espera que aumente el número de mujeres en cargos de representación pública. Para tener un sector público consciente de las consecuencias de sus decisiones es esencial que estén educados científicamente, por lo tanto, la menor educación en ciencias que presentan las mujeres es un problema considerando el aumento de mujeres en cargos públicos.

La distancia entre las mujeres y la ciencia es un problema, como personas y como sociedad estamos perdiendo oportunidades, podríamos tener una vida más saludable, menos accidentes, aumentar nuestro nivel de ingreso, tener empresas más lucrativas y mejores políticas públicas, entre otras miles de posibilidades, con una educación científica con equidad.