La urgencia de educar en Ciencias

Editorial Dra. Corina González Weil Académica PUCV Directora Observatorio Latinoamericano de Didáctica de las Ciencias- OLADIC En 2016, el Oxford Dictionary nominó la palabra “posverdad” como la palabra del año, entendiendo por este concepto una distorsión deliberada de la realidad, en donde se apela a la emoción y a las creencias personales para influir en […]

Editorial

Dra. Corina González Weil
Académica PUCV
Directora Observatorio Latinoamericano de Didáctica de las Ciencias- OLADIC

En 2016, el Oxford Dictionary nominó la palabra “posverdad” como la palabra del año, entendiendo por este concepto una distorsión deliberada de la realidad, en donde se apela a la emoción y a las creencias personales para influir en la opinión pública. Así, las creencias y emociones tendrían más influencia que los hechos objetivos. En 2017, la misma organización nominó como palabra del año el término “fake news”, referido a los reportes y noticas falsas que circulan por internet. Por su parte, un estudio publicado este año en la revista Science, indica que las noticias falsas se difunden significativamente más lejos, más rápido, y de manera más amplia que las noticias verdaderas (Vosoughi, Roy & Aral, 2018).

Como consecuencia de lo anterior, estamos ante una sociedad que, expuesta a mucha información, con frecuencia, no sabe discernir entre los tipos de información, ni considera el peso de la evidencia para tomar decisiones. Bajo ese escenario, surge naturalmente la pregunta: ¿cuál es el estatus de la ciencia y el conocimiento científico en la sociedad? Al respecto Nogués (2017) nos plantea que en las últimas décadas se ha generado un fenómeno curioso: la aparición de una grieta entre la opinión de los expertos y la de un sector importante de la población, en diversos temas, como el impacto de los cultivos transgénicos, la vacunación o el cambio climático. Esta grieta no sólo se manifiesta en indiferencia hacia el conocimiento científico, sino en algunos casos implica derechamente un desprecio hacia la ciencia y hacia el conocimiento que hemos generado como Humanidad.

Así, pareciera ser que frente a temas sociocientíficos, el “valor” de la evidencia y del conocimiento construido por la comunidad científica es equivalente a la opinión de cualquier persona a la que se le ocurra opinar al respecto. Como ejemplo, en los medios de comunicación el hecho de que el cambio climático existe y que es producido por el ser humano (concordado por el 97% de los científicos que estudian este fenómeno), se muestra como equivalente a la opinión de Trump, que en 2012 indicó que el cambio climático era un invento de los chinos para hacer que la industria norteamericana no fuera competitiva. Mientras la primera postura se basa en evidencias, la segunda, se basa en creencias o deseos propios, no obstante, éstas se presentan en los medios como si fueran puntos de vista igualmente válidos. Bajo ese escenario, el conocimiento científico aparece como “una opinión más” dentro de un mar de opiniones que dan personas de la farándula, médicos de dudosa reputación, empresarios, economistas o políticos. Al mismo tiempo- y probablemente relacionado con lo anterior-, en Chile se reduce el presupuesto para ciencia este año (y poco pareciera importar).

¿Por qué lo anterior podría ser un problema? Si bien la ciencia es una construcción humana, (y como tal, no es inmune a intereses económicos y políticos, ni tampoco a prejuicios o errores), presenta dos elementos que son interesantes: (1) está basada en evidencia y (2) se construye socialmente en una comunidad, que en general, suele ser muy rigurosa con lo que se consensua como “conocimiento”. Desde esa perspectiva, la ciencia (y el conocimiento que ésta genera) es probablemente una de las construcciones humanas que mejor nos ayuda a explicar y comprender ciertos fenómenos. Prueba de ello, es que la ciencia es la base del desarrollo tecnológico que tiene la Humanidad (y funciona). El negar la ciencia supone riesgos en el autocuidado, la salud y también en el medio ambiente.

Pero ¿Por qué la ciencia es tan poco apreciada por la sociedad? Y si pensamos más atrás, podríamos preguntarnos, ¿qué oportunidades de aprender ciencias y desarrollar competencia científica han tenido nuestras autoridades, los políticos, las personas de la farándula que opinan en la televisión? ¿Qué oportunidades le estamos dando en este momento a nuestros futuros políticos, autoridades y personajes públicos? Frente a esta crisis de credibilidad y valoración de la ciencia, urge la necesidad de generar, por una parte, un piso mínimo de conocimientos y habilidades- incluida una gran dosis de pensamiento crítico-, que permita a los estudiantes y a la población en general la toma de decisiones informada en asuntos sociocientíficos, y por otro, el desarrollar una comprensión de la naturaleza de la ciencia, el comprender que es una empresa humana, a la cual todos tenemos derecho a acceder, y de la cual todos podemos formar parte. Lo anterior, supone ciertamente una transformación profunda en cómo estamos enseñando ciencias y cómo estamos divulgando el conocimiento generado.

Pero para avanzar, necesitamos saber dónde estamos ubicados. OLADIC se hace una primera pregunta: ¿Cómo se enseña ciencias y matemáticas en Latinoamérica? Y como la Didáctica de las Ciencias es “la ciencia de enseñar ciencia” nos preguntamos por otra parte, ¿Qué se está investigando en América Latina sobre Educación y Didáctica de las Ciencias y Matemáticas? Esperamos que a través del ejercicio de buscar respuesta a estas interrogantes podamos contribuir con un grano de arena a la mejora de la educación en ciencias, y con ello, a acortar la brecha entre la ciencia y la sociedad.


Nogués, G. (2017) “El cambio climático y la posverdad”. Publicado el 28 agosto, Blog ¿Cómo Sabemos? ¿Cómo sabemos lo que sabemos? Disponible en: https://comosabemos.com/2017/08/28/el-cambio-climatico-y-la-posverdad/. (Consultado el 10-11-2018)

Vosoughi, Roy & Aral (2018). The spread of true and false news online. Science, 359 (6380): 1146-1151